Cuanto se ha hecho para prevenir
esto que pasó y lo que pasará, aquello a lo que muchos tildaron como la campaña
del miedo era una advertencia que resultó ensordecida por la terrible
desigualdad de apoyo a las palabras a que fueron sometidas esas voces respecto
a las que resultaron ganadoras. Que son muchas menos, pero evidentemente muchísimo más fuertes.
Los gritos desbordados, surgidos
desde los medios de comunicación partidarios de la restauración del orden elitista
de siempre, fueron tan fuertes que llenaron de necedad los oídos de más de
media Argentina incapaz de escuchar lo más importante por sobre el superficial
hecho de que una mujer les parezca que habla mucho o les resulte antipática por
exitosa u otros motivos personales.
Por eso, con parte de los hechos negativos advertidos
consumados en tiempo record, es importante aclarar algunas cosas porque intentan
a una distancia muy corta transcurrida hacernos creer que las cosas no fueron
como realmente fueron.
Al respecto surge una reflexión
ineludible que la prensa y el orgullo de los votantes que luchan para no
admitir su error ocultan, Macri mintió públicamente en el debate y en su
campaña.
Lo raro es que para los amantes
del orden, para los paladines de la rectitud, la mentira absoluta es un hecho
menor justificado para acceder al poder. Una bestialidad surgida del nefasto
pensamiento de que el fin justifica los medios y que ya en sus momentos nos
trajo también mentira mediante a un Menemismo del que realmente no sabíamos
tanto en su momento como si esta vez estábamos al tanto de un Macrismo que se
le parece demasiado.
La veracidad de la demonización
del Pro, de lo que significaría, era tan evidente que no pudiendo manifestarse
en contrario sin recurrir a un excedente insostenible de mentiras a las ya
planeadas buscaron recurrir a la burla y a la ridiculización como único contra
argumento. Entonces evitando la discusión sobre las medidas que se tomarían y
sus consecuencias armaron una campaña en la que basados en el humor,
recurriendo a la simpatía enredaron a sus víctimas directas parodiando sobre
lo que pasaría con Macri presidente respecto al Kinder entre tantas otras
boludeces que no permitieron pensar a los más incautos sobre la gravedad de lo
que realmente estaba en juego y nos trae a este presente superador de aquellas predicciones terribles que perdieron peso al ridiculizarlas tras el
humor.
Estas estrategias continúan hoy
tratando de disimular el engaño, por eso esta semana escuchamos a cientos de
periodistas hablar de que esta fue la devaluación más anunciada de la historia
sin aclarar que la misma fue negada sistemáticamente por el Pro antes de las
elecciones y que se volvió predecible porque casi todos sabíamos que decían una
cosa pero harían otra. El hecho de que casi todos lo supiéramos no le quita
gravedad al engaño, solo se la quita lamentablemente este blindaje mediático
que nosotros como pueblo tenemos que tratar de evitar. Un blindaje que matizó
esta semana trágica para nuestros bolsillos en la que solo hace falta recurrir a lo evidente para
darnos cuenta de cuanto ganaron los grandes exportadores por quita de
retenciones y mejora del tipo de cambio para la liquidación de sus mercaderías
acopiadas, en desmedro de cuanto
perdimos los pobres asalariados.
Lo que no entró por los oídos necios
quizás les entré por los bolsillos flacos a los que menos tienen como siempre, pero ya será tarde. Aún tenemos cuatro años por delante para pagar las
consecuencias de un error del electorado que nos obliga a una resistencia y una
lucha que tendremos que emprender para que las palabras sabias no sigan resultando
sordas en favor de los que más tienen. 
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